viernes, 3 de mayo de 2013

guerra fria


distension y crisis

Crisis de la distensión y vuelta a la "Guerra Fría"
 La "política de distensión" de Breznev, que tantos éxitos había tenido, sufrió hacia finales de 1979 una grave derrota que no fue posible pasar por alto por sus consecuencias. En tanto que las actividades de los Estados Unidos y el interés de la opinión pública mundial se centraba completamente en el asunto de los rehenes del personal de la Embajada americana en Teherán, la Unión Soviética aprovechó la ocasión para dar un golpe de Estado en Afganistán con el fin de librarse del gobernante comunista Amin, que ya no era grato a Moscú, y, con la ayuda de tropas soviéticas, instalar en Kabul a Babrak Kamal, que gozaba de su favor. La indignación internacional ante esta intervención militar, extendida también a los países del Tercer Mundo, no había sido prevista por Moscú. El empleo de la fuerza militar por parte de los dirigentes del Kremlin provocó, en la opinión americana, sensibilizada por las acciones violentas de Teherán, una duda fundamental sobre la veracidad de la política soviética de distensión e introdujo un cambio político que, con la elección de Ronald Reagan en 1980, inició una nueva fase en las relaciones entre ambas superpotencias. Entre tanto, la economía del país se hundía, afectada por una inflación galopante, socavando la legitimación del poder: el imperativo y permanente llamamiento a una "forma de vida socialista" se había desgastado. Cierto es que Moscú podría contar con la fidelidad de aquellos partidos comunistas de los países del Tercer Mundo cuya existencia política dependía en gran medida de la ayuda económica del PCUS. Pero con el establecimiento de regímenes comunistas en los países en vías de desarrollo había crecido también el potencial conflictivo intracomunista.

coexistencia pacifica

La muerte de Stalin el 5 de marzo de 1953 abrió una nueva fase en la historia de las relaciones internacionales. Tras un complejo proceso sucesorio, Kruschev consiguió asentarse en el poder del Kremlin, muy especialmente tras eliminar a Beria, jefe del aparato represivo stalinista, en junio de 1953.
El nuevo líder soviético lanza una nueva política exterior que va a denominar coexistencia pacífica. Este nuevo concepto significaba básicamente que la URSS no solo negaba el recurso a las armas para extender la revolución comunista por el mundo, sino que rechazaba la idea de que la guerra con el capitalismo era inevitable. El bloque comunista, que en ese momento ya se veía lo suficientemente fuerte para disuadir al adversario de un posible ataque, concentraría en el futuro todas sus fuerzas en la competición pacífica con el Oeste.
La realidad de la política soviética no fue, sin embargo, tan pacífica. Como veremos, Moscú no dudó en tomar medidas, en algún caso arriesgadas, que pusieron en grave peligro la paz mundial.
La visión de Washington no se vio muy influenciada por la nueva política del Kremlin. En EE.UU. primaba una situación de inseguridad propiciada por el acceso de la URSS al arma atómica y sus ensayos con misiles intercontinentales. El lanzamiento del Sputnik en 1957, el primer satélite al espacio por parte de los soviéticos vino a reforzar ese sentimiento.
El candidato norteamericano Eisenhower había criticado duramente la política de "contención" de Truman y Foster Dulles, el que luego sería su Secretario de Estado, había propuesto durante la campaña electoral de 1952 el roll back, el hacer retroceder a los Soviéticos a sus posiciones de partida.
Tras el triunfo republicano, la nueva administración afirmó lo que se vino a denominar la doctrina de las "represalias masivas". Washington amenazaba a la URSS con el uso masivo del arma nuclear en el caso de que adoptara una política exterior muy agresiva.
Afortunadamente, como los hechos vinieron pronto a confirmar, la política exterior norteamericana fue mucho más moderada. Algunos historiadores hablan de una política de "contención" reforzada para subrayar la continuidad que hubo ente la diplomacia de Truman y la de Eisenhower. En definitiva, se iniciaba un nuevo período en el que las palabras una vez más no correspondían exactamente con los hechos. Ni la política exterior soviética fue tan pacífica, ni la norteamericana fue tan belicosa.
Más allá de las formulaciones de la política exterior de las grandes potencias, la muerte de Stalin abrió un período en el que aparecieron signos de distensión entre Moscú y Washington: la firma del Armisticio en Panmunjong en 1953, que ponía fin a la guerra de Corea, los acuerdos de Ginebra que ponían fin a la guerra de Indochina en 1954, la reconciliación entre la URSS y Yugoslavia que culminó con la visita de Kruschev  a Tito en 1955 o la firma del Tratado de Paz con Austria en 1955, que significó la evacuación de las tropas de ocupación y su neutralización.
Estos signos de distensión no impidieron que las superpotencias afirmaran, de forma brutal si era necesario, su hegemonía en sus respectivas áreas de influencia. La brutal represión de las protestas obreras en Berlín y Alemania oriental en 1953 por parte del ejército soviético de ocupación o las intervenciones de la CIA para derrocar por la fuerza los gobiernos progresistas de Mossadegh en Irán en 1953 o Arbenz en Guatemala en 1954, muestran bien a las claras la complejidad de la nueva fase de las relaciones internacionales.
No debemos de olvidar tampoco que en 1954 la República Federal de Alemania se rearmaba en ingresaba en la OTAN y que, como contestación, la URSS y las "democracias populares" fundaban en 1955 el Pacto de Varsovia

bloques de la guerra fria

BLOQUE CAPITALISTA

Contrariamente al bloque comunista, el capitalista es muy heterogéneo, debido a las diferencias económicas entre países y a los nacionalismos arraigados.

Las disidencias son muy importantes y no hay manera de «castigarlas». La descolonización crea el Tercer Mundo, con países capitalistas que se declaran mayoritariamente no alineados, e intentarán ser neutrales. Estos países, en sus relaciones internacionales, tienen una política semejante frente a los países ricos. Algunos de ellos se hacen comunistas, como Angola, Somalia o Etiopía, pero en general son neutrales. A este bloque hay que sumarle todo América latina. Son países donde una guerra abierta entre los dos bloques, probablemente, desencadenaría una guerra civil entre comunistas y capitalistas.

Japón se convierte en una gran potencia, que hace la competencia a EE UU y Europa, y tiende a defender sus intereses.

El mundo árabe se unifica bajo el signo de su religión, en la Liga árabe, y también será un motivo de disensión dentro del bloque. Además, tiende al integrismo y lucha abiertamente contra Israel, que esta siendo sostenido por Estados Unidos. En 1960 se funda la OPEP, que controlará los precios del petróleo, la fuente de energía principal en todo el mundo. Pero su control tiene mayor importancia para el bloque capitalista puesto que el comunista tiene sus propias fuentes de abastecimiento. En 1973 la subida del precio del petróleo desencadena una crisis económica que afecta a todo el mundo capitalista, hasta 1986 en que vuelven a caer los precios del petróleo.

En este bloque se han dado, también, tendencias totalitarias como en los países de América latina o en Grecia, Portugal y España, además de en muchos de los países descolonizados.

La caída del muro de Berlín a supuesto el fin de la guerra fría, pero también el comienzo de tensiones hasta ahora camufladas, como la guerra del Golfo, y guerras civiles en muchas de las repúblicas del bloque comunista, como Yugoslavia, Georgia, Osetia, Azerbaiyán, etc. También entre los países capitalistas del Tercer Mundo ha habido guerras, sobre todo contra el integrismo islámico, como la guerra entre Irán e Iraq (1980-1989).

En el bloque capitalista las relaciones internacionales también han sido dominadas por organismos económicos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el GATT.



BLOQUE SOCIALISTA O COMUNISTA:


Durante la Guerra Fría, el Bloque del Este, también llamado Bloque soviético y campo socialista, comprendía los siguientes países de Europa central y oriental: Bulgaria, Rumanía, Hungría, la República Democrática Alemana, Polonia, Albania, la Unión Soviética y Checoslovaquia. El Bloque del Este suele considerarse idéntico al Pacto de Varsovia. Otra de las organizaciones que reunían a los países del bloque era el Consejo de Ayuda Mutua Económica.

Yugoslavia nunca formó parte del Bloque del Este ni del Pacto de Varsovia. A pesar de ser un Estado socialista, su líder Josip Broz Tito llegó al poder gracias a su mando sobre la resistencia partisana durante la Segunda Guerra Mundial y siempre mantuvo una política de distanciamiento y autonomía respecto de la influyente Unión Soviética. El gobierno yugoslavo se mantuvo neutral durante la Guerra Fría y fue uno de los fundadores del Movimiento de Países No Alineados.

Por su parte, el gobierno de Albania —tildado de estalinista— también logró el poder sin ayuda soviética como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Albania rompió su relación con la Unión Soviética a principios de los años 1960, alineándose con la República Popular China y su posición antirrevisionista.

Las naciones del Bloque del Este fueron, en ocasiones, mantenidas dentro de la esfera de influencia soviética mediante la fuerza militar. El Ejército Rojo invadió Hungría en 1956 luego de una revuelta anticomunista. También Checoslovaquia fue invadida, en 1968 y por tropas del Pacto de Varsovia, con el objeto de poner fin a un período de liberalización conocido como la Primavera de Praga. Esta política fue denominada Doctrina Brezhnev y se convalidaba, según la argumentación soviética, en la obligación que tenían los estados socialistas de sostenerse unos a otros de acuerdo a lo establecido en el Pacto de Varsovia. La Primavera de Praga no era para sus críticos otra cosa que un retorno progresivo al capitalismo, lo que justificaba según este razonamiento la intervención militar. Los críticos de la Unión Soviética hablaban a su vez de social-imperialismo.

El Bloque del Este se disolvió por el colapso de los diferentes estados socialistas que lo formaban, casi todos los cuales dejaron directamente de existir. El golpe definitivo fue la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas misma, bastión político y militar del Bloque, a fines de 1991.