miércoles, 6 de marzo de 2013

Unificación de Alemania e Italia

Los movimientos nacionalistas y los procesos de unificación de Italia y Alemania
La Unificación Alemana
Unificación alemana, proceso que acabó por suponer en 1871 la unión de la Confederación de Alemania del Norte con otros estados germánicos para formar el II Imperio Alemán. Su artífice fue el aristócrata y político prusiano Otto von Bismarck, que en septiembre de 1862 había sido nombrado primer ministro de Prusia por el rey Guillermo I. En ese momento, el gobierno prusiano y la Dieta (Parlamento) prusiana, con sede en la ciudad de Berlín, se hallaban enfrentados a causa del proyecto de reforma del Ejército elaborado por el Ministerio de la Guerra, y que consistía en la ampliación del periodo de servicio militar obligatorio y en la abolición de los Landwehr, una milicia compuesta por ciudadanos. Los liberales prusianos, que contaban con la mayoría parlamentaria, rechazaron esta propuesta por considerarla un conjunto de medidas reaccionarias destinadas a incrementar los poderes de la corona prusiana y se negaron a aprobar el presupuesto de defensa. Bismarck, decidido a vencer, gobernó el país y recaudó los impuestos sin contar con el consentimiento del Parlamento.
El primer ministro deseaba ampliar el territorio de Prusia y aumentar el poder de ésta a expensas de los estados vecinos; a su juicio, este plan uniría a la mayoría de los prusianos en torno al rey Guillermo I y, por lo tanto, los liberales quedarían aislados. Bismarck no contaba con un plan diseñado de antemano para llevar a cabo la unificación alemana, como declaró en sus memorias. Era un hombre implacable y estaba dispuesto a aprovechar las divergencias entre las otras grandes potencias para lograr sus objetivos. El Ejército prusiano, recientemente reorganizado y mejor equipado, sería el instrumento con el que alcanzaría sus objetivos en política exterior.
Su oportunidad llegó en 1863, cuando la Confederación Germánica (la unión de 39 estados alemanes creada en 1815 y presidida por el Imperio Austriaco) protestó ante el interés del nuevo monarca danés, Cristián IX, en incorporar a su reino el ducado de Schleswig, que en esa época se encontraba bajo el control oficial de Dinamarca. En el Protocolo de Londres de 1852, se había dispuesto que Schleswig quedara “indisolublemente” unido al ducado vecino de Holstein, que, además, también era miembro de la Confederación Germánica. Bismarck pretendía sacar provecho de esta complicada disputa en favor de los intereses de Prusia y persuadió al emperador austriaco, Francisco José I, para que se uniera a Prusia en su defensa de los términos del Protocolo de Londres, lo que obligaría a Dinamarca a renunciar a su soberanía sobre las dos provincias. Se inició así la llamada guerra de los Ducados, que tuvo lugar en 1864. Las fuerzas austriacas y prusianas invadieron la península de Jutlandia. El rey de Dinamarca se vio forzado a transferir lo que en la actualidad es el estado alemán de Schleswig-Holstein a los dos vencedores tras la derrota de su Ejército en el mes de agosto de ese año, y las fuerzas de Austria y Prusia ocuparon el territorio conquistado.
Las otras grandes potencias —Francia, Gran Bretaña y Rusia—, que habían permanecido neutrales durante el conflicto, no habían previsto la rapidez y magnitud de la derrota austriaca. Napoleón III, el emperador francés, exigió a Prusia compensaciones por la ampliación de su territorio, y sugirió a Bismarck la cesión de algunas zonas de Renania, Bélgica o Luxemburgo como posibles retribuciones.
En 1869, España, cuya reina, Isabel II, había sido depuesta a raíz del triunfo de la revolución de 1868, se encontraba en la situación de elegir un sustituto en el trono. Bismarck convenció entonces a Leopoldo, príncipe de Hohenzollern-Sigmaringen y pariente de Guillermo I en tanto que miembros ambos de la familia Hohenzollern, de que presentara su candidatura. Napoleón III, que no deseaba verse rodeado por gobernantes pertenecientes a la realeza prusiana, protestó por esta propuesta. Aunque logró en primera instancia que Guillermo I admitiera la retirada del aspirante prusiano al trono español, insistió nuevamente para que aquél ofreciera garantías de que no se volvería a presentar la candidatura de su pariente. Ante esta situación, el embajador francés en Prusia, el conde Vincent Benedetti, se trasladó por segunda vez al balneario de Ems para entrevistarse con Guillermo I. Éste, indignado porque se pusiera en duda su palabra, telegrafió a Bismarck, que se encontraba en Berlín, para comunicarle que se negaba a ofrecer ninguna otra confirmación al embajador francés. Bismarck manipuló el telegrama con la intención de que produjera la impresión de que el Rey había sido insultado, y lo publicó en la prensa.
El más enconado nacionalismo se exacerbó en ambos países y Francia declaró la guerra a Prusia el 19 de julio de 1870, encolerizada por el supuesto agravio cometido contra su embajador. Bismarck también hizo públicas las demandas de Napoleón III sobre Bélgica y Luxemburgo, lo que reafirmó a Gran Bretaña en su decisión de permanecer neutral en el conflicto que pasó a ser conocido como Guerra Franco-prusiana. Los estados alemanes del sur, irritados por los proyectos previstos por el Emperador francés para el territorio renano, que Bismarck también se encargó de filtrar a la prensa, se unieron a Prusia.
Los ejércitos de Napoleón III fueron derrotados a principios de septiembre en la batalla de Sedan y a finales de octubre en Metz; a continuación, los prusianos sitiaron París. Después de que Napoleón III fuera capturado en Sedan, se proclamó la III República francesa. Se formó un Gobierno de Defensa Nacional que intentó organizar la resistencia en las zonas no ocupadas del sur del país. Los nuevos ejércitos franceses, apoyados por guerrilleros, lucharon durante un tiempo contra unas fuerzas muy superiores, pero las autoridades se vieron obligadas a firmar un armisticio con Prusia el 28 de enero de 1871. Francia tuvo que ceder a Prusia la casi totalidad de Alsacia y parte de Lorena, así como pagar una gravosa indemnización de guerra, en virtud de lo establecido en el Tratado de Frankfurt (que se acordaría en mayo de ese año). Guillermo I fue proclamado emperador de Alemania por otros príncipes alemanes el 18 de enero de 1871; la ceremonia tuvo lugar en el palacio de Versalles, donde se encontraba el cuartel general del Ejército prusiano. La Constitución de la ya inexistente Confederación de Alemania del Norte fue adoptada por el sucesor de ésta, el II Imperio Alemán, que resultó de la unión de los miembros de aquélla y de los cuatro estados germánicos del sur, Baviera, Baden, Hesse y Württemberg.


Unificación Italiana
Unificación italiana o Risorgimento, proceso que supuso el surgimiento, en 1861, de un reino de Italia unificado. En el Congreso de Viena de 1815, posterior a las Guerras Napoleónicas, Italia quedó totalmente dividida, sin ningún tipo de institución unificadora. Existían tres obstáculos para la unidad. El primero era la ocupación del reino de Lombardía y Venecia, bajo soberanía austriaca, en el norte y noreste de la península Itálica. El segundo eran los Estados Pontificios, bajo la soberanía del papa, situados en el centro de la península. El tercer obstáculo lo constituían un grupo de estados independientes. En el noroeste se encontraba el reino de Piamonte-Cerdeña, que se había ido extendiendo lentamente desde la edad media y era el Estado más avanzado de Italia. Un segundo reino, el de las Dos Sicilias, ocupaba la mitad sur de la península. Tres ducados más pequeños, Toscana, Parma y Módena, eran gobernados por miembros de la dinastía Habsburgo austriaca. Todos estos estados eran absolutistas.
Los ducados de Toscana, Parma y Módena, y la mitad norte de los Estados Pontificios (las Marcas y Umbría), optaron, mediante plebiscitos populares, por la unión con Piamonte, que se había convertido en el reino de Italia del Norte en el transcurso de la primera mitad de 1860. La inquietud que estos cambios provocaron en Napoleón III se calmó con la decisión de Cavour, acordada en el Tratado de Turín (1860), de ceder las provincias de Saboya y Niza a Francia. Esta medida no tuvo buena aceptación en Italia, y enfureció a Garibaldi, que había nacido en Niza.
Garibaldi fue el héroe de la siguiente fase de la unificación italiana. Seguidor de Mazzini y partidario de una Italia unificada bajo una forma republicana, en mayo de 1860 embarcó en dos pequeños barcos, desde un punto próximo a Génova, con un contingente formado por poco más de mil jóvenes soldados (‘expedición de los Mil’, también llamados los ‘camisas rojas’). Desembarcó en Sicilia, que fue ocupada rápidamente. Su extraordinaria campaña culminó en el mes de septiembre con la entrada en Nápoles, poniendo fin al reino de las Dos Sicilias. Garibaldi creó un sistema dictatorial en Nápoles y se preparó para marchar a Roma, lo que provocaría un conflicto internacional. Con el fin de recuperar la iniciativa, Cavour ocupó los territorios pontificios y trasladó un ejército piamontés a Nápoles, donde el antiguo republicano reconoció como rey a Víctor Manuel. Un parlamento que representaba a toda Italia, excepto a Roma y a Venecia, proclamó a Víctor Manuel II rey de Italia el 17 de marzo de 1861. Tras su intervención en la Guerra Austro-prusiana (1866) como aliada a Prusia, Italia obtuvo el Estado de Venecia por la Paz de Viena. Para completar la unificación sólo restaban los Estados Pontificios, que Italia consiguió gracias a su intervención en la Guerra Franco-prusiana (1870-1871), apoyando nuevamente al dirigente prusiano Otto von Bismarck. Italia logró así la unidad peninsular, pero mantuvo las reivindicaciones territoriales sobre Trentino e Istria, especialmente respecto de la villa de Trieste, lo que originó la cuestión del irredentismo. También quedó pendiente la relación con el Papado, que no renunciaba a recuperar sus territorios en el centro de la península ni reconocía al reino de Italia, situación que no se normalizó hasta los Pactos de Letrán (1929), firmados en época de Benito Mussolini.

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